Divina-Pastora

Breve historia de la Divina Pastora

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1.  ORIGEN DE LA ADVOCACIÓN DE LA DIVINA PASTORA

La Advocación Mariana, conocida con el nombre de “Divina Pastora de las Almas”, tiene su origen en el sacerdote capuchino Fray Isidoro de Sevilla (1662-1750)[1]. Ciertamente que desde que el verbo de Dios, Jesucristo, el hijo de Dios se encarnó en el vientre de la santísima Virgen María y se hizo hombre, se presentó a sí mismo como el cordero de Dios y el Buen Pastor: “En verdad, en verdad les digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ese es un ladrón y salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de la ovejas…, yo soy el buen pastor, que da la vida por sus ovejas, las conozco y ellas me conocen a mí”. (Cf. Jn 10, 1-18).

Si Jesucristo es el Buen Pastor, María su madre, ligada estrechamente al plan de salvación de Dios a todos los hombres que escuchan su voz, también y de igual manera María su madre es la buena Pastora de las Almas. Con este concepto empezó también a ser tenida la Santísima Virgen María. Así lo declararon más o menos algunos santos padres y escritores de la Iglesia y como tal la invocarán algunos santos, especialmente San Juan de Dios y San Pedro Alcántara.

2.  INICIO DE LA NUEVA ADVOCACION MARIANA

Corría el año de 1703, el día 24 de junio, festividad de San Juan Bautista, ese día el padre Isidoro de Sevilla, religioso dotado de relevantes cualidades sobrenaturales, acababa de participar en una procesión vespertina en honor a la Virgen Santísima. La emoción sentida en esa oportunidad había sido especial, al concluir el acto litúrgico, Fray Isidoro sintió que algo muy importante en su proyecto de salvación le estaba preparando el mismo Dios.

En estas circunstancias se retiró a su celda para meditar en el silencio de la noche, que la pasó en oración. ¿Qué sintió en esas horas? ¿Qué le fue comunicado en tal ocasión? Nunca el Padre Isidoro quiso revelar lo que Dios le había inspirado. Pero algo sobrenatural le debió acontecer. Al mañana siguiente muy temprano, el pasó a casa de su hermano Don Antonio Rodríguez de Medina y Vicentelo, miembro de la Nobleza, a quien pidió ayuda monetaria para este proyecto en extremo beneficioso que pensaba realizar, ante lo cual su hermano fue comprensivo y le dio la cantidad solicitada.

El Padre Isidoro salió hacia el taller del notable pintor Miguel Alonso de Tovar, el mejor artífice del ocaso de la Escuela Sevillana y sin demora le expuso el motivo de su visita. Quería que le pintaran una efigie de la Virgen María con las siguientes características:

“En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen Santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto, hasta las rodillas, de blanco pellico, ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el contorno de su cuerpo y hacia el derecho, en las espaldas llevará el sombrero pastoril y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío.

En la mano Izquierda sostendrá unas rosas y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge hacia su regazo. Algunas ovejas rodearán la Virgen, formando su rebaño y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas simbólicas del Ave María con que la veneran. En lontananza se verá una oveja extraviada y perseguida por el lobo que es el enemigo, emergerá de la cueva con el afán de devorarla, pero la oveja pronuncia el Ave María, expresado por el rótulo en su boca, pidiendo auxilio; y aparecerá el Arcángel San Miguel, bajando del cielo, con el escudo protector y flecha, que ha de hundir en la testuz del lobo maldito”.

 Pasados unos días, el padre Fray Isidoro pasó de nuevo por el taller del pintor Alonso Tovar y le manifestó las innovaciones que estimaba convenientes y le dijo:

“Ponga en la parte superior dos ángeles sosteniendo en sus manos una corona imperial en la actitud de posarla sobre la cabeza de la emperatriz del cielo”

Así nació la advocación mariana de “La Divina Pastora de las Almas[2].

Para el día 8 de septiembre de 1703, fiesta de la natividad de la Virgen María, ya estaba terminado el cuadro-estandarte, encargado a Miguel Alonzo de Tovar. En ese día el padre Isidoro dispuso sacar una procesión desde la Parroquia de San Gil, hasta la Alameda de Hércules, lugar de encuentro y reunión forzada del pueblo sevillano en los días estivales de antaño, sentimiento y profunda fe, que toda la concurrencia quedó conmovida.

Presidía esta procesión Piadosa, la imagen de la Divina Pastora y al llegar al parque mencionado, el Padre Isidoro en un púlpito improvisado comenzó a exponer las glorias de maría como la madre del Buen Pastor con tanto sentimiento y profunda fe, que toda la concurrencia quedó conmovida. Así apareció por primera vez, ante el pueblo cristiano la primera imagen de María como Pastora de Almas[3].

3.  DIFUSION DEL CULTO A ESTA NUEVA ADVOCACIÓN

A partir de esta fecha 8 de septiembre de 1703, el Padre Isidoro de Sevilla consagró todos los años que le restaron de vida (cuarenta y siete fecundos años), en la propagación de lo que le había sido confiado. Primero fue en Sevilla, después Cádiz, luego Huelva, toda Andalucía; más tarde Murcia y posteriormente Valencia y así se fue difundiendo esta buena nueva Mariana por toda España.

Desde los primeros años, los cuadros de la Divina Pastora, al mismo tiempo se iban multiplicando. Los Talleres de Sevilla, tal como el de Miguel Alonzo Tovar, Germán Lorente, Quiroz, Soriano, casi no tenían otra ocupación, que pintar efigies de la Divina Pastora, a fin de atender a las numerosas solicitudes que hacían de todas partes[4]. Como se dijo anteriormente, una vez consolidada esta devoción en Andalucía, comenzó a difundirse y arraigarse con firmeza en el resto de España, gracias al celo apostólico del Beato Diego de Cádiz (1743-1801). Fue en efecto, para este virtuoso capuchino tal advocación el porta estandarte de misiones populares, allá a donde iba llevaba consigo la efigie de la Divina Pastora en todas sus misiones populares.

Por su intercesión realizó verdaderos prodigios entre los fieles de las más variadas capas sociales y no solo entre los fieles devotos, sino a sus mismos hermanos capuchinos. Logró de tal manera enfervorizarlos en la fe y el amor a la Divina Pastora, que puede decirse que a su influjo se debe el arraigo de la misma, en la mayor parte de España y en las Misiones de América[5].

Hacia el año 1742, fecha en la cual el Padre Fray Isidoro de Sevilla escribió la biografía del Padre Fray Luis de Oviedo, fallecido poco antes (1740), ya para esta fecha se había extendido por América la Devoción a la Divina Pastora. Así nos lo da a entender con lo siguiente: “Pido y con todo rendimiento suplico a los venerables padres misioneros, así los que pasen a las indias a propagar la fe católica, como a los que hicieren misiones en los católicos y cristianos pueblos, lleven consigo esta sacrosanta imagen, no variándola, quitándole o añadiéndole algo a la idea con que está la primitiva imagen[6]

4.  LLEGADA DE LA NUEVA ADVOCACION A LA PROVINCIA DE VENEZUELA

Providencialmente el padre Fray Marcelino de San Vicente, a la sazón Prefecto de las Misiones de los Capuchinos, se tomó la decisión que éste fuera a España y una vez que obtuvo el permiso del Obispo Diego de Baños y Sotomayor, el mismo se embarcó rumbo a España, arribando a Cádiz a mediados de Agosto del año 1701 y el 31 de ese mismo mes se dirigió a la corte, donde se encontraba para comenzar sus gestiones.

No obstante, durante estos años turbulentos por la guerra de sucesión, expone ante el Rey y el Consejo de Indias un extenso memorial, dando a conocer cuánto habían hecho los Misioneros Capuchinos en esta provincia, ante lo cual consiguió varias cedulas reales a favor de la misión. Estando en España durante estos años, conoció y vivió la Devoción y la Fe a esta nueva Advocación de la Divina Pastora de las almas.

A partir del día 8 de septiembre de 1703 y a pesar de hacer las gestiones para regresar a Venezuela el 8 de julio de 1704. [7]No lo consiguió sino dos años después en febrero de 1706, logrando traer consigo nueve religiosos a saber: Padres José Francisco de Cádiz, Pedro José de Sevilla, José de Iznajar, Antonio de Benaocáz, Crisóstomo de Granada, Jerónimo de Mortil, Antonio de Ubrique y Arsenio de Sevilla, estos arribaron a Caracas en mayo de 1676 y a fines del mes ya se encontraban en la misión[8].

Seguramente Fray Marcelino de San Vicente trajo consigo algunos cuadros e imágenes de la Divina Pastora, en cuanto que en el memorial que pasa en el año 1701 al Rey Juan Carlos II y su madre tutora, la Reina Gobernadora Doña Mariana de Austria, exponiendo las necesidades materiales de aquella misión, sobre todo en orden a provisión de ornamentos para las iglesias, le dice entre otras cosas: “Que por la falta que hacen las misiones, pido a vuestra majestad, dé orden para que en la primera embarcación que hubiere, me vuelva a las misiones con mi compañero Fray Francisco de Guadalajara y que dos cajones de libros, imágenes y otras cosas para beneficio de las misiones, que he solicitado, se me embarquen sin flete por no tener con que pagarlo”[9].

5.  LA NUEVA ADVOCACIÓN ES CONOCIDA EN LAS MISIONES DE LOS CAPUCHINOS

Desde el pueblo de Misión de San Francisco Javier de los Valles de Barquisimeto, el 29 de octubre de 1710, Fray Marcelino comunica al Rey Carlos II y a la Reina Gobernadora Doña Mariana de Austria, su actividad apostólica, entre otros puntos lo tocante a esta Provincia de Venezuela que consta de 300 leguas y no hay en ella más de doce pueblos de españoles, con muy corta vecindad, menos Caracas, jurisdicción muy dilatada, en la cual viven muchísimos Hay blancos, mulatos, mestizos e indios y de todas castas de gentes, viviendo poco menos que gentiles en sus costumbres y se pueden fundar más pueblos de los que hay fundados, pero no veo resultado alguno de las providencias que vuestra majestad ha dado para ello antes, si cada día veo más perdición en las almas, como lo he comprobado prácticamente con las misiones que he hecho en estos cinco años (junio del 1706 – diciembre de 1710), en los Valles de Aragua, ciudad de Barquisimeto, ciudad de Carora, pueblo de Guama, Valle de Cocorote y ciudad de Nirgua, sin haber dejado la conversión de los infieles.

Como podemos observar, en este régimen de misiones donde participaron los misioneros capuchinos y que ya la conocían, la fueron sembrando en todos estos lugares y así comenzó a conocerse este culto de veneración y fe a la Madre de Dios María Santísima, bajo la advocación de Divina Pastora de las Almas[10].

A manera de ejemplo, porque son muchos los casos que se pueden citar: Ya para el 3 de marzo de 1713, los capuchinos que se encargaron de nuevo del pueblo de Mapubares del Río Tocuyo en el Vicariato de Coro, lo titularon Misión de la Divina Pastora de Mapubares, apareciendo así por primera vez esta advocación en Venezuela y luego a través de los años se fue extendiendo su culto y devoción de tal manera que para los años 1740 y 1750, ya era bastante conocida esta nueva advocación.

6.  LLEGADA DE LA DEVOCIÓN E IMAGEN DE LA DIVINA PASTORA A SANTA ROSA

Si la devoción y culto de veneración se debe a los capuchinos, también la Fundación del Cerrito de Santa Rosa, que tuvo su origen y su primer asiento en la Sabana de Auro en Araure, Jurisdicción de la Nueva Segovia de Barquisimeto, este pueblo se fundó con indios Gayones y con la debida aprobación del Vice-patrono el Gobernador de la Provincia de Venezuela Don Fernando de Villegas, luego de haber practicado las diligencias del caso, el Teniente General Lcdo. Don Juan de Vela, Subdelegado del visitador general de las Cajas Reales y de los indígenas de la Providencia de Venezuela Lcdo. Don Rodrigo Navarro de Mendoza, los cuales para tal Fundación comisionaron y facultaron al padre Capuchino Fray Agustín de Villabañez, quien una vez obtenido el permiso y licencia para administrar los sacramentos por parte del Cabildo Eclesiástico, en sede vacante por el traslado del Obispo Fray Mauro de Tovar a Chiapas, México el día 22 de octubre de 1653 y una vez obtenidas dichas facultades del provisor Pbro. Lcdo. Miguel Núñez de Guzmán, Fray Agustín congregó las familias de indios Gayones entre los meses de abril y mayo de 1671 y fundó el pueblo que tituló Santo Tomás de Auro.

Pero el acto de fundación fue redactado y firmado por Don Juan de Vela y el escribano real y de visita Raimundo Suárez Daboín, en la Nueva Segovia de Barquisimeto, el 22 de agosto de 1671.[11]

Allí permaneció Fray Agustín de Villabañez aproximadamente dos años y medio, por no haber una villa de españoles cercana a este pueblo que le ayudara en la reducción de los indios, llegando a la situación de pedir la debida autorización al nuevo gobernador de la Provincia de Venezuela, Don Francisco Orejón Gastón y al Nuevo Obispo.

El Dominico Fray Antonio González de Acuña, este traía el mérito de haber hecho las gestiones de la Beatificación y Canonización de Santa Rosa de Lima, canonizada el día domingo 12 de abril de 1671 por el Sumo Pontífice Clemente XI, ya había sido nombrada ésta primera Santa Americana como Patrona de toda América y Filipinas. El Obispo arribó al Puerto de la Guaira el día 9 de septiembre de 1673 y el día 13, ya se encontraba en Caracas[12].

Obtenida la debida autorización procedió a trasladar a sus pobladores los indios Gayones, a una legua de la ciudad de Barquisimeto, en las riberas del Río Turbio, Probablemente en el mes de octubre de 1673, le cambió el nombre del Santo titular “Santo Tomás de Auro” por el de “El Cerrito de Santa Rosa”, para exaltar la gloria de la primera Santa de América y hacer honor al postulador de su canonización, el Obispo González de Acuña, quien además de ser Dominíco, era natural de Lima, capital del Perú.

7.  EL CERRITO DE SANTA ROSA, MORADA DE LA IMAGEN DE LA DIVINA PASTORA

Habían transcurrido unas seis décadas o un poco más, cuando el Templo de Santa Rosa se convierte en el Santuario de la Divina Pastora y el promotor del culto de veneración a esta imagen, fue el presbítero Sebastián Bernal.

El mismo era natural de Maracaibo y el séptimo hijo de Don Sebastián Bernal y de Doña María Lucia Sandoval. Cursó sus estudios en el Seminario de Caracas y fue ordenado sacerdote por el obispo Don José Félix Valverde en el año 1736. Fue precisamente en estos años que el padre Bernal se convirtió en un ferviente devoto de la Divina Pastora, en cuanto que, en la iglesia Catedral de Caracas, los padres capuchinos dejaron allí una imagen de la Divina Pastora.

Es otro gran devoto, el padre Salvador José Bello, quien confirma estos hechos y afirma que, en el año 1716, los misioneros capuchinos habían introducido la devoción del Santísimo Rosario y Corona de la Divina Pastora y dice que dejaron una imagen de ella en Caracas y que para el año 1722 dicha imagen estaba colocada en la Capilla del Sagrario de dicha catedral, donde se le hacían procesiones, cada vez con mayor esplendor y a su vez se celebraban las novenas con predicación diaria.

Con cédula real expedida en Madrid el 12 de febrero de 1742, el Rey Felipe V autorizó la fábrica de una iglesia, que construyó el Padre Salvador Bello y que fue inaugurada el 8 de abril de 1745, allí fue trasladada la imagen de la Divina Pastora, donde se conserva al igual que la devoción de sus devotos, en el sector de la Pastora en Caracas.

8.  EL PADRE SEBASTIÁN BERNAL TRAE Y SIEMBRA LA DEVOCIÓN A LA DIVINA PASTORA EN SANTA ROSA.

La primera firma del padre Sebastián Bernal aparece el día viernes 29 de junio de 1736. Tomó posesión, el 4 de julio del citado año, dada por el Pbro. José Gutiérrez Escalona cura rector de la Iglesia Inmaculada Concepción de Barquisimeto, además de Vicario y Juez Eclesiástico, comisionado por el Obispo de la Provincia de Venezuela Don José Félix Valverde. El Padre Bernal desde su llegada se dedicó a la construcción de un nuevo templo, ya que en ese año 1736, un terremoto lo destruyó, de tal manera que para el año 1746, casi estaba concluido.

Para ese mismo año de 1746, en el inventario de la iglesia hecho por el Pbro. Doctor Carlos de Herrera, cura Rector de la Santa Iglesia Catedral de Caracas y visitador General de esta Provincia, delegado por el Excelentísimo Señor Don Juan García Abadiano, Dignísimo Obispo de ésta Diócesis de Venezuela, se halló: “otro altar de la efigie de Nuestra señora La Pastora con su niño con respaldo de angaripola y cielo de raso viejo, hilo de tafetán blanco y azul con la silla…de fierro, mesa de madera y cruz de lo mismo, y se acompaña de su manto y atacador de raso blanco y manto de lo mismo, corona imperial de plata y el niño vestido de carmesí y una sillita de madera pintada y un joque o dijes que se componen de realitos y crucecitas de plata y otros juguetes“. Este es el primer Documento que nos refiere la existencia y la verdad histórica de la imagen de la Divina Pastora[13].

9.  EL PADRE SEBASTIÁN BERNAL FOMENTA EL CULTO A LA DIVINA PASTORA ENTRE LOS AÑOS 1736 -1794

El Padre Bernal le dedicó todos los años de su ministerio sacerdotal al culto de veneración a la Divina Pastora, no solo en Santa Rosa y Barquisimeto, sino también en los pueblos aledaños en el transcurso de 57 años y dos meses, ya que falleció el 28 de agosto de 1794. Esta Devoción se mantuvo viva, se celebraba con mucha solemnidad, todos los años el día 8 de septiembre. En el transcurso de estos años podemos mencionar al Pbro. Dr. Juan Francisco Mujica (20 de septiembre 1794 – 20 de noviembre 1827), Pbro. Manuel Antonio Limardo (Enero de 1828 – 26 de febrero de 1830) y Pbro. José Manuel Betancourt (1 de marzo de 1830 – 8 de agosto de 1835), quienes se encargan de la Parroquia de Santa Rosa.

Los recordados sacerdotes Pbro. Maestro José Macario Yépez Tovar y el Pbro. Dr. José María Raldíriz Ávila, el primer cura propietario de la Parroquia Concepción de Barquisimeto (Que en ese momento era la Iglesia de Altagracia), ambos sacerdotes “curas interinos de Santa Rosa” donde estaban radicados, fueron quienes comenzaron la construcción del actual templo de Santa Rosa en el año 1836, debido a que el anterior templo construido por el Padre Sebastián Bernal en el año 1736, fue destruido por completo a causa del terremoto del 26 de marzo de 1812, en el cual la imagen de la Divina Pastora, prodigiosamente no sufrió daño alguno.

Estos sacerdotes fomentaron el culto a la Divina Pastora, durante los 15 años que permanecieron allí, de tal manera que cuando el Arzobispo de Caracas Silvestre Guevara y Lira tomó la determinación de nombrar cura propietario al sacerdote caroreño Macario Bracho desde el día 27 de julio de 1850, los padres Macario Yépez y José María Raldíriz, se fueron a su parroquia Inmaculada Concepción, dejando construidas las tres cuartas partes del actual templo de Santa. Rosa[14].

10.      ORIGEN DE LA VISITA DE LA IMAGEN DE LA DIVINA PASTORA A BARQUISIMETO

En el transcurrir del tiempo a finales del año 1855, se sabía desde el mes de agosto de ese año, que los habitantes de la Provincia de Caracas, Aragua y Carabobo se sacudían entre los estertores de la muerte, causada por el terrible bacilocoma del cólera asiático, bacteria virulenta que se había introducido por el oriente del país, procedente de la lejana India, de las cenagosas desembocaduras del rio Ganges.

Las festividades decembrinas se revistieron de miedo y dolor, ya desde el 6 de diciembre de ese año 1855, fueron solicitados sus servicios al cura de la Inmaculada Concepción, Pbro. Macario Yépez, pues una feligresa María Fonseca Suárez, se debatía en su humilde cama, víctima de calambres y vómitos. Debido al atraso de la época en materia de profilaxia, la naturaleza fulminante de esta enfermedad infecciosa, así como la ineficiencia de los remedios primitivos, la terrible epidemia se propagó rápidamente y las muertes se sucedían con inusitada rapidez.

Los sacerdotes que estaban al servicio del templo parroquial de la Concepción y su jurisdicción eran los presbíteros: José Macario Yépez, José María Raldíriz Ávila, Ildelfonso Escalona, Nicolás Vásquez, Andrés Domínguez y Elías Matheus, atendiendo a todos los infectados por la peste y llevando los auxilios espirituales y materiales como lo exigía su celo sacerdotal, sin poder vacilar ni un momento ante el contagio del cólera.

Los ministros del altar y el pueblo fiel a Dios, en medio del profundo dolor se sumían en la oración, en las vigilias, todo se traducía en súplicas a la divinidad.

El Padre Yépez como su cura párroco, sintió la inspiración de Dios ¿Cómo hacer para reconfortar los espíritus, fortalecer la Fe en su feligresía? y un día de aquellos, en compañía de algunas personas, les propuso erigir un monumento a la Cruz Salvadora, en el sitio histórico de tierritas blancas. Pese a esta situación y bajo la dirección del Pbro. José María Raldíriz y José Manuel Oberto, el monumento se concluyó el día 14 de enero de 1856.

11.   LA IMAGEN DE LA DIVINA PASTORA ES LLEVADA A BARQUISIMETO EL DÍA 14 DE ENERO DE 1856

Para darle mayor realce a la bendición de la Cruz y que María Madre de Dios intercediera ante su Hijo Jesucristo, el Padre José Macario Yépez dispuso que la venerada imagen de la Divina Pastora fuera llevada procesionalmente desde Santa Rosa hasta Barquisimeto, con la debida aprobación del padre Macario Bracho, Párroco de Santa Rosa y la autorización del Pbro. José María Raldíriz, Vicario Foráneo de Barquisimeto y con la concurrencia de los aldeanos santaroseños, al pie de la Cruz, los esperaba la imagen de Jesús Nazareno de la Iglesia La Concepción donde la multitud de fieles imploraba a Dios por medio de la Cruz, que alejara la peste.

Según las crónicas serían las cuatro de la tarde cuando llegó la imagen y en el acto litúrgico participó un coro compuesto por señoritas, entonando con voces melodiosas y solemnes el Pópule Meus. Entre los participantes se repartió una hoja impresa expresando los sentimientos que movían al pueblo en esta ocasión. La Procesión siguió lentamente hasta la iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción y en el trayecto sucedió un hecho milagroso, la humilde Seferina Cristina, Mujer de Pedro Vásquez apodado “Ño Pedro el Correo”, moribunda y en su último trance, de pronto se incorporó sorpresivamente del lecho, completamente sana hasta salir de la puerta y agradecer este milagro a la Divina Pastora, hecho por el cual la gente fue reconfortada en la Fe.

Caía la tarde cuanto la imagen entró al recinto de la Iglesia la Concepción, donde esperaban otra cantidad de devotos, el Padre Yépez subió al púlpito para dar un mensaje alentador a su feligresía, exhortándolos para que confiaran en la Misericordia de Dios por intercesión de la Divina Pastora y al finalizar con los brazos en la cruz y vuelto hacia la imagen con voz ahogada por la emoción, exclamó: “Virgen Santa Divina Pastora, por el bien y la salvación de este pueblo, te ofrezco mi vida y que sea yo la última víctima del Cólera”. La muchedumbre más reconfortada, se retiró a sus casas al finalizar el acto religioso.

La imagen de la Divina Pastora permaneció alrededor de 20 días en la iglesia Concepción, de donde fue llevada a las iglesias filiales, que eran Capellanía La Paz y la Altagracia. Luego los primeros días de febrero regresó de nuevo a Santa Rosa y de allí fue llevada a Cabudare y después a Yaritagua, ya que sus habitantes también fueron azotados por el Cólera, e imploraron a la Virgen Santísima pidiéndole su amparo y su protección[15].

Apenas habían transcurrido cuatro meses y medio cuando el padre Macario Yépez se enfermó con el contagio del cólera y sanó de este mal, sin embargo inmediatamente después se enfermó de fiebre tifoidea, la que a los pocos días segó la vida de este insigne sacerdote.

Según el testimonio del Pbro. José María Raldíriz, su compañero inseparable hasta los últimos instantes de su vida, el Padre Yépez le pidió pocas horas antes de morir, que le trajera una imagen de la Inmaculada Concepción, ante cuya imagen imploró:

“Virgen Madre de Dios, por el ministerio de tu concepción Inmaculada, te pido ruegues a tu hijo Jesús, me otorgue la gracia de que sea yo la última víctima del cólera “

Y volviendo a su lecho entregó su alma a Dios el día 16 de junio de 1856 a las 7 de la mañana.

No se imaginó el Padre Macario Yépez que, con la salida de la venerada imagen de la Divina Pastora desde Santa Rosa hacia Barquisimeto, le estaba dando origen a una tradición que perdura hasta el día de hoy y que él mismo es recordado con mucha devoción cada 14 de enero, cuyos restos mortales reposan en la Iglesia Concepción de Barquisimeto, la que él mismo construyó.

Es el Pbro. Dr. José María Raldíriz, Vicario Foráneo de Barquisimeto, quien determina que la imagen de la Divina Pastora visite la ciudad de Barquisimeto todos los años, cada 14 de enero, como un testimonio perenne de gratitud a la Madre de Dios, pues acorde a la tradición y de creencia general, confirmada por muchos sobrevivientes de la epidemia del cólera, con la llegada de la imagen de la Divina Pastora ese día 14 de enero de 1856, fue cesando esta epidemia.

Lo cierto es que, en honor a la verdad y a la justicia, estos dos eminentes sacerdotes Macario Yépez y José María Raldíriz, deben ser recordados; el primero por dar origen a la salida de la Divina Pastora desde el Pueblo de Santa Rosa el día 14 de enero de 1856 y el segundo porque decretó que la imagen volviera a la ciudad de Barquisimeto a partir de la segunda visita el 14 de enero de 1857. Esta disposición no se ha quebrantado hasta el día de hoy y al contrario se ha convertido en una verdadera tradición religiosa que a través de los años ha ido en crecimiento de la más grande manifestación de fe, gracias al culto que los fieles cristianos de todas las edades le profesan a la Virgen María, bajo la advocación de Divina Pastora.

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